Nacimos, muchas, con miedo.

El parto, tan temido, llegaba con la fuerza de la Vida. Inevitable. Implacable.
Nuestras madres, muchas muy jóvenes, hicieron lo que pudieron, lo que supieron. Lo que les dejaron.
En esa época no había epidural. Pero estaba el «goteo» como promesa para no pasarlo mal. Estaban solas. Algunas veces, atadas. Ninguneadas e infantilizadas, casi todas.
El bebé ( nosotras) que había crecido en un útero calentito, empezaba a sentir la fuerza de las contracciones y los nervios de mamá. El entorno no ayudaba a propiciar un ambiente sereno. Nervios. Incertidumbre. Cambio… Conseguimos nacer y nos llevamos un cachete o un meneo. Para estimular nuestros pulmones. Y nos alejaban de mamá. Frío. Soledad. Bienvenida al Mundo. Más frío.
Luego llegó mamá, sus brazos, su teta. Y ahí sí, nos relajamos, confiamos. Nuestro mundo conocido. El olor de mamá, el sabor de mamá, su voz, sus besos.
Pero, ¡¡¡ay!!!Cinco minutos por pecho, tomas cada 3 horas. Hambre. No la cojas que se acostumbra. Más frío y más miedo. Hambre. Dejalá llorar. No la cojas. Tanto rato al pecho no. Ponle el chupe. Que se calle. Hambre.
Y crecimos. Las niñas no se tocan ahí. De la regla no se habla. Duele. Calla. Sonríe. No pasa nada, eso es así. Duele. Calla. Que no se note. es que está indispuesta. Está mala. Mala. Mala.
Un día decidimos ser madres. Y vuelve el miedo. el frío, el hambre, la soledad. Vuelve todo a ponerse patas arribas. Cambio a la vista. Nervios a la vista. Incertidumbre. Frío. ¿podrá alguien mirarme a los ojos?¿preguntarme que tal me siento?¿podré escuchar al miedo?
Parimos como podemos, como sabemos y como nos dejan. Y, casi siempre, con mucho miedo. Porque es un miedo antiguo, que llevamos en los genes de siglos y siglos creyendo que ser mujer era esto y era así.

Entonces ves un video. De una mujer que pare en su casa, de pie. Y piensas que loca y que insensata y que debería de estar prohibido. Y que eso es prehistórico. Y que nadie diga lo contrario.

Pero hay algo que se te remueve, dentro. Porque, igual que llevamos el miedo ancestral, también llevamos la memoria ancestral de que ser mujer es otra cosa, de que la Vida y el nacimiento puede ser otra cosa. Que podemos cuidar la Vida desde el origen. No es un discurso de parto en casa si o no. Estoy hablando de parir con miedo o con confianza.

Estoy hablando de vivir.

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